“Las mujeres hemos ganado espacios pero siempre poniendo el cuerpo”

Por Diego Carballido. Fotografía: Joaquín Martínez.

El 13 de agosto en todo el país, se llevarán adelante las elecciones de medio término. Las Primarias, Abiertas, Simultaneas y Obligatorias -PASO- definirán las y los candidatos de las elecciones generales en octubre. En Rosario, se renuevan trece bancas del Concejo municipal y hay cuarenta y tres listas inscriptas en la carrera para llegar a tener un espacio en el Palacio Vasallo.

Desde Sin Cerco, entrevistamos a las precandidatas mujeres que buscan hacerse de un lugar en las generales. De las cuarenta y tres listas oficializadas solo ocho están encabezadas por mujeres. En esta serie de notas vamos a conocer a las primeras y segundas precandidatas, sus ideas, sus propuestas y su militancia.

“Mujer, militante, trabajadora, madre de dos jóvenes. También me gusta mucho escuchar. Creo que es lo que me permitió unir de mi profesión de periodista con la de militante”, de esa manera decide presentarse Norma López. La actual concejala, se encuentra en plena campaña electoral para lograr una reelección a su banca. Forma parte del espacio denominado Frente Ciudadano por Rosario, la lista que encabeza Roberto Sukerman.

“Vengo de una familia de clase trabajadora, no de clase media, sino de una que pudo ascender con el tiempo. Ellos no participaban partidariamente pero sí en organizaciones sociales, como en la vecinal del barrio y en la cooperadora de madres de la escuela. Mis viejos eran comerciantes, tenían una verdulería, por lo tanto, estaban muy en contacto con la gente. Eso te abre un poco la cabeza, siempre tuvimos inquietudes y siempre se habló bastante en casa desde esta visión, que no era la visión de política partidaria”nos cuenta mientras prepara el mate.

Norma es una rosarina que, después de varios años de trabajo en distintos medios de comunicación de la ciudad, se lanzó plenamente a la vida política. Desde el 2009, forma parte del Concejo Deliberante de la ciudad. En el 2013, se convirtió en la primera mujer peronista en presidir un congreso partidario, fue una de las fundadoras del Instituto Santafesino de Políticas Públicas y actualmente forma parte de Mujeres para la Victoria en Santa Fe, un lugar desde donde impulsa políticas de género.

En un impasse en su recorrida de campaña, Sin Cerco pudo conversar acerca del clima electoral, su historia como militante y el lugar actual de la mujer en la política.

¿Cómo analizás esta campaña? ¿Es distinta al resto?

Es particular porque es tan drástico el cambio a nivel nacional que las políticas dieron de lleno contra el ciudadano. En todas las localidades, y Rosario lo vive permanentemente, se ve el desgaste que implica una política nacional, acompañada por una política local que está destruyendo los empleos y erosionando los lazos sociales. Siempre se dice que las elecciones intermedias, al no tener los ejecutivos en juego, tienen otras características, quizás de menor intensidad. Esta campaña donde se renuevan legisladores, tanto a nivel local como nacional, da muestra de la importancia que tiene consolidar propuestas, porque no podemos pensar en cambios para el 2019 si no pasamos esta contienda electoral. En el proceso nacional, venimos de políticas públicas que impactan de lleno en la vida cotidiana del vecino, que cada vez que abre la heladera se encuentra que tiene menos o va cambiando por productos de segundas marcas. Nos encontramos con necesidades alimentarias en muchos sectores de la población, que antes no las tenían. Estas políticas nacionales vienen siendo acompañadas por el gobierno provincial y municipal, porque no hemos visto que hayan salido a cuestionarlas. A nivel local, se suma además que la gestión del socialismo, con más de veinte años al frente de la intendencia de Rosario, empieza a recibir el descontento de la gente.

Dejando de lado por un momento la actualidad, contanos cómo fue que empezaste a relacionarte con la política.

Uh, hace tiempo ya. Me acuerdo que en la secundaria había un grupito de chicas que teníamos otras inquietudes, éramos alumnas del Urquiza, una escuela solo de mujeres. Eso fue durante la dictadura y, en ese momento, siempre había alguna que venía con una idea de lo que estaba pasando. Todo eso nos fue formando, y en el paso por la universidad participé de la primera experiencia frentista donde teníamos muchas facultades y se daba esto de la unidad de acciones entre los distintos sectores. Fue una confluencia electoral que nos hizo ganar varios centros de estudiantes, una experiencia muy buena. En ese transcurrir me definí por el peronismo y por lo que significan sus tres ejes: la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

En todo ese tiempo, ¿fue variando el lugar de la mujer en la política?

La sociedad sigue siendo machista y patriarcal. De todos modos, con el esfuerzo del colectivo de mujeres, con propuestas donde hemos podido confluir y con decisiones de gobiernos democráticos se han generado espacios mayores para las mujeres. Por ejemplo, durante la dictadura hubo torturas específicas contra las mujeres y hace poco tiempo fueron incluidas como torturas sistemáticas los delitos sexuales dentro del proceso deMemoria, Verdad y Justicia, a partir de varias compañeras que con mucho esfuerzo y dolor se animaron a denunciar esta especificidad en las torturas. Hemos ganado muchísimosespacios pero siempre fue poniendo el cuerpo.

¿Se han roto esos lugares que la sociedad “normalizaba” como destinados a la mujer?

No, creo que se siguen dando. La naturalización de los espacios hace que sigamos tan ligadas a las políticas de cuidado. Nos falta un salto importantísimo al interior de la vida privada, como son las tareas domésticas, hay que politizar esas tareas. Qué significa la producción en términos económicos, qué significa la producción de un ama de casa, cuál es ese rol esencial y cómo distribuirlo en la construcción de una economía. Con la toma de conciencia, las movilizaciones y la confluencia en un gran colectivo de mujeres hemos tenido la posibilidad de reivindicar la lucha de las miradas de otros sectores y partidos. Tenemos ejes en común, no pensamos igual y sin embargo hemos salido como movimiento colectivo antes que los trabajadores organizados. El rol del movimiento de mujeres hay que analizarlo en clave de construcción política.

Algunos hablan de vanguardia…

Me cuesta verme como vanguardia, prefiero elegirme como militante de un colectivo. Porque si me mido como militante de una vanguardia te sentís distinta del resto.

En los estamentos de gobierno ¿hay lugares determinados para la mujer?

Tiene que ver con el momento político. En el Concejo municipal nos cuesta mucho acceder a las dos comisiones más importantes, por volumen digamos, como son la deGobierno y Planeamiento. En la comisión de Gobierno no tengo registro de que haya habido una sola mujer. Primero, es la representación política dentro de esa comisión, y los bloques que están allí son numerosos pero los varones no ceden el lugar a las mujeres. Existe la mirada de que las mujeres se dediquen a las políticas de cuidado, basta ver cómo está constituida la comisión de Cultura y de Salud, somos mayoritariamente mujeres. Además, el gobierno de Macri favorece los retrocesos, si ves una foto del gabinete cuesta encontrar una mujer y los lugares donde se recortó tienen que ver con la equiparación, los sectores vulnerables y las políticas nuevas de derechos. Una de las primeras decisiones del presidente fue, en enero del 2016, cerrar el programa de Educación Sexual Integral; un programa de acceso a todo lo relacionado con profilaxis, anticoncepción y, sobre todo, la mirada de la educación sexual en las escuelas, encima dejando en la calle a trabajadores. Después, recortó programas que dependen del Consejo Nacional de la Mujer; cuando eso sucedió, las mujeres plantamos lucha y no se avanzó gracias a ese reclamo, aunque hace pocos meses lo terminó recortando. Sumado a todo esto, la televisión tiene la mirada cada vez más sesgada en los estereotipos, no significa que antes no sucediera pero cuando tenés políticas públicas es distinto. La perspectiva de género es transversal, que no haya solamente un área de violencia contra la mujer o una que promueva la inclusión y la equidad, sino que todas las políticas sean transversales, con varones y mujeres que caminen de la mano. La conformación de los trabajadores del Estado es equitativa, pero necesitamos que esa mirada trascienda y la producción privada se haga eco, y las mujeres dejemos de cobrar 30 por ciento menos que los varones.

¿Te sorprendió la polémica a partir de la apertura de una cátedra electiva en la Facultad de Medicina sobre el aborto?

Me asombra la intolerancia y no quiero que se naturalice. Si naturalizamos que no podemos pensar distinto vamos camino a la construcción unívoca. El debate sobre la despenalización del aborto o lo que hoy se ve desde una mirada de acceso a derecho y no punitiva llamada “la interrupción legal del embarazo”, creo que necesitamos sostenerlo y profundizarlo. La cátedra es bienvenida, en ese sentido, porque hay muchas miradas al respecto, desde la biología, desde lo penal y hasta desde la religión, que es la que generalmente obtura este tipo de discusiones. Desde el campo médico faltaba esa mirada, es muy importante el paso que se ha dado y que haya sido en nuestra universidad pública. Nosotros lo apoyamos. Es la reafirmación de algo que figura en nuestro Código Penal hace muchos años, en el artículo 86, que es el concepto de salud. Permitir la interrupción del embarazo desde el punto de vista de la salud de las mujeres. Hay otra cuestión, hay muchos sectores que intentan obturar el debate por razones religiosas, pero también económicas porque la medicina deja para lo estatal la garantía de los derechos sexuales y reproductivos. Muchos médicos son objetores de conciencia en la salud pública, pero tienen fabulosos negocios en la salud privada y somos las mujeres las que ponemos en riesgo nuestras vidas con la clandestinidad de las interrupciones. Los abortos existen desde épocas milenarias y quienes más riesgos corren son lamujeres de sectores populares. Hay una mirada de muchísima hipocresía que garantiza este modelo machista y patriarcal, donde las mujeres somos estereotipos y donde la maternidad en lugar de estar relacionada al goce está sujeta a las realidades económicas.

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