Sonamos Latinoamérica: la unión hace la fuerza

Por Azul Martínez.

La décima edición del festival  anual “Sonamos Latinoamérica” acaba de empezar en Rosario. La ciudad será testigo nuevamente de este espacio de confluencia musical donde el folklore de cada país invita a vibrar al son de sus ritmos acompasados. Ritmos que conforman la tradición de diversas culturas que, hoy en día, buscan integrarse para poder compartir lo suyo. Es también una lucha por no quedar invisibilizadas frente al circuito de la música comercial y las políticas desintegradoras de gobiernos neoliberales.

Las propuestas son amplias y están pensadas dentro de un esquema que concibe a la diversidad cultural como impronta del evento. El Instituto Superior del Profesorado de Música  “Carlos Guastavino” es sede de distintos talleres organizados por músicos de la ciudad. Los programas principales comenzarán la próxima semana con un show de apertura en el Distrito Siete, el viernes 28 y con otros dos recitales, el sábado 29 y domingo 30 en la Sala Lavardén. Además, también se dictará ese mismo fin de semana un seminario con resolución ministerial para docentes de música en la Facultad de Medicina y una actividad, a principios de noviembre, para los coros de la ciudad. En el marco del festival, se realizará “Sonamos para los chicos”, que consiste en una serie de  conciertos didácticos, con inscripción gratuita, pensado para todos los alumnos de escuelas públicas.

Sonamos Latinoamérica nació en la ciudad de Santa Fé en el año 2007 y, gracias al esfuerzo y la autogestión de los músicos, ha ido creciendo con el correr del tiempo y se ha consolidado en otros países que hoy funcionan o han funcionado como sedes del evento:  Uruguay, Chile, Perú, Venezuela, Colombia y México. Agencia Sin Cerco habló con el músico Marco Kofman, quien participa en la organización del festival en Rosario desde hace cinco años. Fue con su banda “El fuego de la semilla”, que durante el 2011 trabajaron para incorporarlo a la ciudad. Otras localidades del país que este año auspician como plataformas son Laguna Paiva, Lincoln, Tucumán y Salta.

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Un gran caudal de artistas extranjeros, acompañados de sus instrumentos, viajan a nuestro país para tocar y enriquecernos con un poco de su cultura. “El festival en sí, es una red que funciona en toda Latinoamérica, donde diferentes músicos participan y organizan una sede en su ciudad también. Así, sucedió que se fue replicando, primero en Venezuela, después en Colombia, en Perú, ahora en México. Comienzan a venir grupos que quieren hacer la experiencia del festival para después llevarlo a su lugar de origen. Entonces, termina concibiéndose como una red en constante crecimiento”, explicó Kofman.

Es interesante pensar en la relevancia particular que cobra este tipo de evento, ya que funciona como difusor de la música popular que hoy está tan relegada  en los planes de estudio de las carreras de música en nuestra ciudad. Estas conservan una clara orientación académica, es decir, volcadas a la enseñanza de obras clásicas. Para Kofman, el hecho de que las universidades se abran a la música popular no sólo implica favorecer otro tipo de contenidos, sino también otras maneras de enseñar y trabajar la música.

“Las composiciones de raíces folklóricas, más allá de que hay muchos estilos y muchas formas de abordarlas, no entra en los circuitos comerciales. Eso genera que los cultores que las desarrollan no vivan de sus creaciones, sino en general gracias a la docencia, lo que  le da al festival un perfil formativo muy fuerte, que se mantiene intacto desde el comienzo. Eso implica que tengamos seminarios para formadores y conciertos para chicos, pensando en la necesidad de generar nuevos públicos para esta música que, si no está en la radio ni en la televisión, tiene que llegar de algún modo”, contó Marco.

Sin embargo, sostuvo que a diferencia de otros años donde había gobiernos que  facilitaban, a través de políticas económicas, las relaciones con los demás países vecinos, con el triunfo de gobiernos de derecha los procesos políticos y sociales de Latinoamérica se han ido revirtiendo, restándole la posibilidad de un apoyo o subsidio al festival. “En forma directa nos afecta porque se pierden sostenes, se pierden vínculos institucionales entre naciones. Para que podamos traer hoy al rector de una universidad de Venezuela hay que luchar el doble que antes porque Aerolíneas suspendió los vuelos, por cuestiones políticas de Macri con su gobierno”, explicó.

Por otro lado, y a raíz de esta suerte de desintegración a la que se ven afectados los países de Latinoamérica, el músico sostiene que hay una necesidad más intensa de juntarse en un espacio como éste, ya que aparece como un punto de encuentro, atravesado por un conjunto de emociones, que al mismo tiempo sirve de ayuda y estímulo para él y para otros organizadores que hoy tienen que hacer un esfuerzo mayor para poder llevar a cabo esta serie de actividades culturales.

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En cuanto al trato con los músicos extranjeros, Kofman contó que se intenta renovar los espectáculos todos los años, por eso mismo, la idea es que las bandas vayan rotando por distintas sedes con cada nueva edición, también como una forma de que ellos mismo tengan la oportunidad de ampliar sus horizontes hacia otros públicos, llevando su música por distintos recorridos. También comentó, que a diferencia de otros países como Colombia y Venezuela que apoyan y mandan muchos artistas, a la Argentina se le complica participar con su música en las sedes extranjeras ya que no tienen la posibilidad de gestionar sus propios pasajes.

“Hay como una especie de pautas que definimos en la organización del festival a nivel internacional, que son requisitos mínimos a cumplir, para que las personas que participen estén cómodas y garantizar esto implica toda una movida. Hay que ofrecer un buen alojamiento, que el traslado sea el adecuado, que los tiempos que tengan para tocar sean amplios y que no se superpongan las actividades. Todo eso, implica contar con un apoyo fuerte de alguna gestión pública o con muchísima militancia”, expresó Marco, quien añadió que igualmente ellos mismos intentan no depender demasiado de los gobiernos y mantener la independencia para garantizar que “Sonamos Latinoamérica” pueda seguir existiendo a pesar de los cambios de gestión.

“Creo que el festival tiene la suerte de poder convocar a artistas muy reconocidos en sus países y a su vez, de darle la oportunidad a músicos de acá, de Argentina, que no son muy conocidos. Cuando vienen esos tipos y dan una charla o un seminario, es super interesante y también es duro, porque mucha gente no tiene la plata para ir a los talleres. Pero me parece que cualquier actividad vinculada a la integración cultural de Latinoamérica, es por historia y por definición una política de resistencia, y esto genera en definitiva un mayor compromiso”, concluyó Kofman.

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Foto: gentileza de Sonamos Latino América, Rosario – Ignacio Hamad

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